El otro
Del recóndito abismo como sumido en profundo desdén se encuentra él mismo, siempre solo con el otro; la pena por delante. Apenas unas pocas carcajadas lo evaden cada día del asco existencial. Por encima de él creada está ya la realidad juiciosa y ordenada de un sistema monoteísta. No es partícipe del sueño de ser o no individuo: nombres, números y papeles le recuerdan quién debe ser. Es todo y nada: dios de carne y hueso moviéndose en dimensiones conocidas. Raramente cuenta las horas; despierta a rayo de sol y cabecea con la luna.
Es idiosincrasia del mundo distinto de lo mandado.
Es la verdad del deseo deshacerse del otro.